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Calidad de vida en el trabajo: cuando un concepto “borroso” se vuelve una brújula práctica

La calidad de vida en el trabajo (CVT) es uno de esos conceptos que todo el mundo usa, pero no todo el mundo define igual. Y eso no es un detalle académico: cuando una organización no tiene claro qué entiende por CVT, termina midiendo “cosas sueltas” (satisfacción, clima, felicidad, bienestar, salario) y luego se pregunta por qué las intervenciones no funcionan o por qué los resultados son inconsistentes.

Un estudio reciente sobre este dilema Patlán (2020) que revisó 81 definiciones publicadas entre 1966 y 2019 reportó como su conclusión principal que: la CVT no es una sola cosa; es un constructo que vive en dos niveles y con dos perfiles.



1) El hallazgo central: dos niveles que conviven

El análisis sugiere que la CVT se entiende, a grandes rasgos, desde:


A. Un enfoque individual

Donde la CVT se asocia con:

  • satisfacción de necesidades (personales, profesionales, psicosociales y económicas),

  • equilibrio entre demandas y recursos laborales (cuando hay demasiada exigencia y pocos apoyos aparece estrés y deterioro),

  • bienestar en el trabajo (físico y psicológico).


En este enfoque, la pregunta guía es:¿Qué tan vivible y sostenible es mi trabajo para mí?


B. Un enfoque organizacional

Aquí la CVT se conceptualiza como:

  • una filosofía o estrategia organizacional (humanizar, democratizar, participar, desarrollar),

  • y un conjunto de métodos, técnicas, procesos o programas orientados a producir CVT y también a mejorar productividad, eficacia y competitividad.


En este enfoque, la pregunta guía es:¿Qué hace la organización, de forma sistemática, para que el trabajo sea sostenible y productivo a la vez?


La interpretación en la práctica es clara y sencilla: no basta con hablar de CVT como “bienestar del empleado” si la empresa no traduce eso a prácticas, estructuras y decisiones. ¡Ah! Y tampoco basta con implementar iniciativas organizacionales si el trabajador percibe incoherencia o no experimenta mejoras reales en su empleo.



2) La segunda gran idea: CVT objetiva y CVT percibida

Otro aporte clave es la distinción entre la CVT como fenómeno objetivo y subjetivo.

  • Objetivo: condiciones del entorno laboral (seguridad, higiene, ergonomía, contratos, salario, estabilidad, recursos, diseño del puesto, ambiente físico/tecnológico).

  • Subjetivo (psicológico o percibido): cómo el trabajador interpreta y vive esas condiciones (sentido, apoyo, justicia, reconocimiento, clima, equilibrio trabajo-vida, satisfacción).


Esto explica por qué dos personas en el mismo lugar pueden reportar experiencias muy distintas: la CVT no es solo lo que existe, sino cómo se experimenta.



3) Como la CVT es multidimensional, el “menú” sí importa

La investigación refuerza que la CVT es multidimensional: puede incluir desde 3 hasta 15 dimensiones según autores.


Entre las más recurrentes aparecen:

  • trabajo significativo

  • equilibrio trabajo–familia

  • salario y prestaciones justas

  • oportunidades de desarrollo

  • ambiente seguro y saludable

  • participación y autonomía

  • rediseño del trabajo

  • apoyo social, relaciones y clima

  • reconocimiento

  • liderazgo y calidad de dirección


En arroz y habichuelas: la CVT no se arregla con un solo tornillo. Se arregla con un tablero de control.



4) Cómo usar esto de forma práctica (sin convertirlo en un paper)

Aquí va lo más práctico para aquel que quiere mejorar su experiencia laboral o diseñar estrategias en su organización.


A) Si eres líder o parte de RR. HH.: Diseña CVT como sistema (no como "evento")


  1. Define CVT en tu organización en una frase operativa:

    • “CVT = condiciones + experiencia percibida que permiten salud, desempeño sostenible y desarrollo.”


  2. Separa métricas objetivas y subjetivas:

    • Objetivas: carga de trabajo, rotación, ausentismo, incidentes, tiempos de respuesta, recursos disponibles.

    • Subjetivas: percepción de justicia, apoyo, claridad de rol, reconocimiento, sentido, equilibrio vida-trabajo.


  3. Evita la trampa del “programa cosméticamente atractivo:


    Si pides a tu personal que sea "resiliente", pero tus intervenciones de calidad de vida como quiera sostienen la sobrecarga crónica de tareas, tu programa de CVT es meramente una campaña de "capota y pintura".


  4. Intervén en el punto de mayor fricción (no en lo más popular):


    Identifica la dimensión que más impacta rendimiento y salud en tu contexto (por ejemplo: claridad de rol + carga + liderazgo).


  5. Crea “microprácticas” repetibles:

    • reuniones con agenda y cierre

    • acuerdos de comunicación

    • reglas de disponibilidad

    • retroalimentación frecuente y breve

    • reconocimiento específico (no genérico)



Una reflexión incómoda pero útil


La CVT puede parecer un concepto difuso, pero este tipo de análisis muestra que su “ambigüedad” viene de que intenta capturar algo que es real: la interacción entre persona y sistema. En lo individual, habla de necesidades, bienestar y equilibrio. En lo organizacional, habla de estrategia, prácticas y resultados sostenibles.


En la práctica puede gestionarse considerando: si quieres mejorar calidad de vida laboral, no discutas solo “cómo se siente la gente” ni solo “qué produce la empresa.


Diseña y ajusta ambos lados a la vez. Ahí es donde la CVT deja de ser teoría… y se vuelve ventaja competitiva con una faceta humana que favorece el bienestar real del personal.


Referencias


Patlán, J. ¿Qué es la calidad de vida en el trabajo? Una aproximación

desde la teoría fundamentada. Psicología desde el Caribe, 37(2), 31-67.

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